Después de varias semanas ausente por fin he encontrado un hueco para volver al blog. ¡Qué ganas tenía de pasarme por la blogosfera! Me hubiera gustado aparecer antes pero el resto de obligaciones me tienen demasiado ocupada.

Los que me conocéis sabéis que una de mis debilidades son las galletas, y por estas fechas siempre preparo las de jengibre, pero este año comparten desayuno y merienda con unas de calabaza que han sido todo un descubrimiento para mí. Estas galletas tienen un color otoñal anaranjado, son aromáticas, crujientes por fuera y bizcochadas por dentro. Además de ser rápidas de hacer son deliciosas.

Su nombre de fama es snickerdoodle cookies y es todo un misterio su origen, no consta en ningún documento el país de su creación ni la explicación que bautiza a esta galleta. Los mayores defensores de su autoría son los alemanes y los holandeses, los primeros defienden que su nombre deriva de la palabra alemana “schneckennudeln” que significa “bola de masa de caracol”, pero los holandeses lo atribuyen a una nomenclatura derivada de “San Nicolás”. Nadie consiguió más información que esta que Irma Rombauer, autora del libro “The Joy of Cooking”.

Las snickerdoodle son tradicionalmente galletas de azúcar que se crearon en 1800 y se conocían como Snipdoodles. Hoy en día se pueden añadir especias y variar parte de sus ingredientes aunque la clave está en el rebozado en canela y azúcar antes de su horneado. Para mí, las de calabaza son las más ricas.

Ingredientes:

45 g de mantequilla sin sal, ablandada

30 g de puré de calabaza

120 g de azúcar

1 huevo grande

180 g de harina para todo uso

5 g de levadura química

2,5 g de bicarbonato de sodio

Una pizca de sal

 

Para el rebozado:

30 g de azúcar

1 cucharada de canela y 1 cucharadita de nuez moscada molida

Otra opción es mezclar el azúcar con 10 g las especias que queramos: cardamomo, clavo, jengibre, nuez…

galleta_calabaza2

Preparación:

Lo primero que tenemos que preparar es la calabaza, para ello la limpiamos, pelamos y troceamos en dados grandes. Para elaborar el puré podemos hacerlo horneando la calabaza o cociéndola. La primera opción es más lenta que la segunda. Si la horneamos, disponemos los trozos de calabaza sobre una bandeja, tapamos y horneamos hasta que esté blanda. Si la hervimos, la ponemos con agua a fuego medio alto hasta que al pinchar con un tenedor notemos que está blanda y la escurrimos. En ambos casos trituramos cuando todavía está caliente y tenemos el puré listo para usar.

Precalentamos el horno a 180°C y preparamos papel de hornear sobre una bandeja.

A mano o con ayuda de una batidora de pie mezclamos la mantequilla, el azúcar y el puré de calabaza frío hasta que todo esté integrado y suave, sobre un minuto. Después añadimos el huevo y mezclamos hasta que la masa sea homogénea.

En un recipiente aparte, mezclamos la harina, el bicarbonato, la levadura química y la sal. Poco a poco agregamos estos ingredientes a la mezcla de crema. Mezclamos lo justo para combinarlos todos.

En un plato o taza pequeña, mezclamos el azúcar, la canela y la nuez moscada; o todas aquellas especias que deseemos.

Cogemos pequeñas cucharadas colmadas de masa, formamos una bola y rebozamos en la mezcla de azúcar. Colocamos la galleta redonda en la bandeja para hornear, dejando espacio entre ellas y hacemos lo mismo con el resto.

Horneamos las galletas durante 11 o 12 minutos, hasta que estén ligeramente doradas. Las dejamos en la bandeja durante un minuto y después las dejamos enfriar  en una rejilla. Se pueden guardar en un recipiente hermético durante días, pero os aseguro que volarán.

¡Feliz puente!

Bon appétit!