Qué tal va la semana? La mía pasada por agua, haciendo justicia al refrán “en abril, aguas mil…”. Así que para combatir estos días se me ocurrió preparar un plato que combina una especie exótica con hongos. Para mi gusto una combinación infalible que podría describir como ligera, nutritiva y seductora debido al sabor dulce y fresco que ofrece esta variedad de champiñones y el intenso sabor del conejo.

El conejo es un mamífero originario de la Península Ibérica aunque posteriormente fue exportado por toda Europa, Norte de África y Rusia. Es un animal autóctono utilizado en nuestra gastronomía principalmente para guisos pero también se puede saborear horneado, frito o al ajillo. Esta especie se adapta a cualquier ambiente que pueda garantizarle alimentación a base de hierbas y un terreno blando donde construir sus madrigueras principalemente zonas de monte y matorrales.

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Al igual que el resto de las especies comestibles, es más valorado si su procedencia es de campo. Aunque es típico de nuestra cultura gastronómica y pieza clave dentro de la fauna mediterránea puede convertirse en una plaga debido a su carácter prolífico y voraz convirtiéndose en un enemigo para los cultivos y pastos de determinadas regiones.

El conejo que muestro es criado en libertad pero es frecuente su venta en carnicerías y supermercados que cuenten con esta sección. Su preparación es sencilla. Una vez limpo tenemos que preparar el adobo que se va a encargar de darle cuerpo al plato. Para ello necesitamos:

    Ingredientes:

  • 1/2 conejo
  • perejil
  • 1 ajo grande
  • sal marina
  • pimienta negra recién molida
  • 1 vaso de aceite de oliva
  • 1 vaso de vino blanco
  • 250 gr. de hongos portobello

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Preparación:

Una vez limpio el conejo (sin patas ni cabeza) lo partimos en dos trozos y lo volvemos a dividir en dos partes. He preparado la receta con dos piezas, en caso de cocinar las cuatro porciones duplicar las cantidades de los ingredientes.

Ponemos en un mortero sal, perejil y la mitad de los dientes del ajo, machacamos y añadimos la mitad de aceite junto con medio vaso de vino. Mezclamos bien y untamos el adobo por todo el cuerpo del conejo. Para darle mayor sabor a la carne podemos dejarlo adobado el día anterior o preparar el adobo la víspera y aderezarlo antes de hornearlo . Ponemos el conejo en una fuente donde rociamos con la mitad del vino y aceite restante. Lo que queda lo resevamos para más tarde. Introducimos al horno durante 50 minutos previamente precalentado con una temperatura de 175º cubierto con una lámina de papel de aluminio para evitar que se reseque la carne.

Mientras tanto, troceamos los dientes de ajo restantes y lavamos los champiñones. Para ello retiramos la parte inferior del tallo que ha estado en contacto con la tierra, lavamos el champiñón bajo un chorro de agua fría, sin sumergirlo, así evitamos que pierdan parte de su sabor con la absorción de agua. Si se prefiere prescindir de los tallos se puede separar el sombrero de estos sujetando ambas partes y realizando un movimiento rotatorio.

Cuando queden veinte minutos para que esté completamente asado introducimos los campiñones en la badeja del conejo y rociamos con el aceite y vino reservado. Salamos de nuevo y añadimos los ajos troceados.

La carne del conejo es magra con contenido calórico moderado, rico en proteínas, vitaminas y sales minerales que unido a las cualidades antioxidantes y escasas calorías de los champiñones compone un plato nutritivo y completo digno de degustar.

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Bon appétit!

 

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